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Notas, cuentos, entrevistas, crítica y conversación literaria desde una editorial argentina independiente.

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Sobreviviendo a Houdini

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Deseé tanto la felicidad que el universo me envió a Houdini: una mañana apareció en mi cartera, la de uso diario; detrás de papeles, pañuelos descartables y una birome a punto de reventar. En aquella ocasión, en forma de perfume en frasco; un aroma exquisito, surreal, como si mil dragones masticaran canteros repletos de rosas perladas por rocío y exhalaran su aliento, justo en mis oídos… así fue el primer encuentro con Houdini; debo admitir que no esperaba tanto de la vida.

No entré en contacto con él en un primer momento, pero luego de un tiempo de verlo aparecer y desaparecer en el fondo del bolso, me atreví, destapé el frasco y contuve la exuberante fragancia unos segundos en mi interior… Antes de eso todo parecía normal, pero después los contornos de las cosas comenzaron a moverse; nada sería lo mismo a partir de allí. Aquello que me parecía derecho ahora estaba ligeramente torcido; las patas de las mesas que siempre percibí de una rigidez extrema, ahora eran cóncavas o convexas o flotantes o líquidas, según él las revelara.
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Imagen de la publicación: LA CANASTITA Vanesa Gómez Todo blanco y listo sobre la cama: la camisa de seda con botones de nácar…
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LA CANASTITA
Vanesa Gómez

Todo blanco y listo sobre la cama: la camisa de seda con botones de nácar, la falda plisada, las medias con volados, las guillerminas que huelen a nuevo dentro de la caja y, lo más importante, la canastita hecha de cintas, moños y tules, con las tarjetas adentro. Tarjetas que intercambiaría por dinero. Venían todos los familiares al asado que el abuelo hacía en el patio, así que esperaba juntar lo suficiente como para comprar las muñecas de Sailor Moon que ya hacía un mes brillaban en la vidriera del kiosquito amarillo.

Se llevó los zapatos a la cara y los olió. Le gustaba el olor de las cosas nuevas. Los zapatos se los había regalado la madrina, por suerte, porque la madre había
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Imagen de la publicación: Exagorazómenoi tón kairón Luis Benítez Llevaban dos horas remontando el Tíber cuando comenzó a llov…
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Exagorazómenoi tón kairón
Luis Benítez

Llevaban dos horas remontando el Tíber cuando comenzó a llover. El anciano volvió de su ensueño cuando el remero nubio tironeó suavemente de la punta de su manto.

—Padre, padre… —le susurró el negro, cuidando de no sacudirlo demasiado bruscamente.

El anciano lo miró como si fuera la primera vez y luego su rostro ajado se distendió en algo que él creía que era una sonrisa: apenas una
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