MANIFIESTO
EL ARTE, LA ESCRITURA ES UN MONSTRUO
Ajena a lo cotidiano y lo simple, presenta lo extraordinario. Es una subversión de la mirada, que devuelve los objetos y los significados en pie de guerra con su habitualidad. El monstruo aterra por la obstinada afirmación de su diferencia. Porque trae a la representación lo «no dicho»; no lo silenciado, sino lo que ni siquiera cabe ser pensado. El arte es un milagro. Pero el monstruo no es el Minotauro, sino el hilo de Ariadna: un camino a la otredad, una forma de conocimiento, un lazo a lo que debe ser revelado.
Y aquello que es revelado por el arte no es ciertamente puro o absoluto. El ejercicio es perseguir lo inalcanzable con la modestia necesaria para estrellarse —como una mosca—, un cardo, una basurita en el viento, una y otra vez con los falsos ídolos, la falsa pureza y todos sus absolutos, y saber que hay un camino y que ese camino conduce al misterio.