Desde hace mucho busco decir lo que no quiero escuchar, hace tiempo que persigo una charla a la luz oscura donde darme las hostias para seguir, llevo años caminando en la espera, buscando un espacio que admita mi propia dictadura emocional. Donde grite, fuerte y sin miedo, que toda mi ceguera disfruta del callejón sin salida donde besos fueron aves mutiladas intentando volar sobre un hastío de sueños rotos.
¡Sí! En definitiva busco un lugar para exponer esta parte de mí que no quiero ver, este tablero donde juega el patético acróbata que usa la palabra amor como trampolín en el abismo, un prófugo que ha pasado los últimos ocho años escapando de sí mismo, un infame personaje arrastrado por la corriente donde se ahogan infinitas veces los amantes, un círculo de cuervos y quimeras donde busqué libertad, un ridículo miedo entre bombas con formas de bocas donde duermen mis delirios, una torre de carne donde crecen los parásitos de una historia feliz, en fin: una exposición esnobista de profundas cicatrices.
¡Sí! Este es el punto que termina en una coma, esto es el hombre que alimenta el cancerbero de la idolatría, es aquí donde me vuelvo mercader de emociones ante la tajante dualidad vestida de noche. Este es el río plagado de poesía donde flotan los metales de una intensidad marchita.
En mi soledad, este personaje y yo hemos sido niños corriendo de pánico en medio de noches donde mandíbulas trituraban pupilas inundadas de ansiedad. Con cada año y cada ruptura fuimos miedo y semen cayendo sobre un palacio de encuentro y abandono. En todos mis enamoramientos, borracheras donde siempre me olvidé de mí mismo, he desviado la mirada de la sombra rota por el deseo de coleccionar sonrisas en la ilusión de llegar a una meta marcada de expectativas.
¡Sí! Es doloroso verlo todo ahora cuando el telón ha caído, pero juntos tenemos que admitir que eso eres: un acompañante en un after de voces y cosas haciendo chispas de oscuridad, un narrador para verdugos intentando agradar para no perder lo que siempre carece, un espejo de mercurio donde espectros disputan la definición de la belleza, un adicto a la felicidad cabalgando sobre camellos, un diván con ojos de duda recitando al Rivotril, y aunque siempre has sido un mal compañero de viaje, hoy te escribo esta carta y la arrojo en la boca de tu cobardía para que de una vez te llenes de nuestra mierda hasta que revientes y desaparezcas de mi interior, aunque en lo más profundo de este océano de metafísicas imágenes, rezo a Dioses muertos para dejarte en la puerta del eterno retorno.
Dejar un comentario
Comentarios publicados (0)
Todavía no hay comentarios publicados.