Los domingos voy a caminar con mi hijo. Charlamos, hacemos chistes, me da consejos que escucho entre risas. Sé que cuando llegue a mi edad se va a dar cuenta de tantas cosas que le digo. ¡Y estas caminatas quedarán en su memoria..!
Aquel día hablábamos de mil escenas de su infancia, mientras pasábamos por la plaza, entre niños que jugaban, gente haciendo gimnasia, parejas. Entonces vimos a alguien que llevaba dos galgos.
—Qué feos son los galgos, tan flacos y tan largos —comentó él.
Me sorprendió y le respondí sin pensarlo:
—En un momento de tu niñez nosotros también tuvimos un galgo… qué raro que me digas eso, ¿no te acordás?
Me miró como si estuviera frente a una demente:
—Mamá, nosotros nunca tuvimos un galgo.
Y enseguida sacó el celular. Abrió el chat familiar y escribió: “¿Alguna se acuerda del galgo gris que dice mamá que tuvimos?”