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Blog de escritores

Notas, cuentos, entrevistas, crítica y conversación literaria desde una editorial argentina independiente.

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Imagen de la publicación: El galgo gris

El galgo gris

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Los domingos voy a caminar con mi hijo. Charlamos, hacemos chistes, me da consejos que escucho entre risas. Sé que cuando llegue a mi edad se va a dar cuenta de tantas cosas que le digo. ¡Y estas caminatas quedarán en su memoria..!
Aquel día hablábamos de mil escenas de su infancia, mientras pasábamos por la plaza, entre niños que jugaban, gente haciendo gimnasia, parejas. Entonces vimos a alguien que llevaba dos galgos.
—Qué feos son los galgos, tan flacos y tan largos —comentó él.
Me sorprendió y le respondí sin pensarlo:
—En un momento de tu niñez nosotros también tuvimos un galgo… qué raro que me digas eso, ¿no te acordás?
Me miró como si estuviera frente a una demente:
—Mamá, nosotros nunca tuvimos un galgo.
Y enseguida sacó el celular. Abrió el chat familiar y escribió: “¿Alguna se acuerda del galgo gris que dice mamá que tuvimos?”

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Imagen de la publicación: Descomposición

Descomposición

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Aún respiro entre verticilos de silencio. Toco el vacío. Aquí y allá, me persiguen madejas de voces. Como si fuera un tallo sin hojas, lloro la ausencia. Estoy segura, hemos caído en racimo. Tan pronto como el viento nos arrastrara a este abismo sin nombres, nos desintegramos de a poco. Ahora somos polvo sobre el…
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Imagen de la publicación: Lagartija

Lagartija

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El televisor decía que el paso a Vallecitos estaba cerrado por la nieve. La radio Nihuil, que no podían cruzar automóviles con provisiones y que los andinistas estarían aislados en los refugios. Se esperaba viento blanco en altura. Ambos coincidían en que la emergencia se prolongaría por veinte días.
El hermano mayor de Gonzalo estaba en el refugio de la universidad, diez kilómetros más adentro de la entrada a Vallecitos. Su mamá tendía ropa blanca en el patio mientras la televisión funcionaba en la cocina. Entró a buscar la escoba justo para oír que los escaladores se habían quedado sin alimentos. Su hijo más chico estaba en la escuela y José, el marido, en la fábrica. Ella se puso un tapado y corrió a la casa de la vecina a pedir el teléfono.
¿Qué podía ser tan importante para que ella lo llamara al trabajo?
–Están aislados, José. No tienen qué comer y viene viento blanco –dijo ella.
–Calma. Se llevaron atún y salchichas para un regimiento.
–Pero ¡José!
Él cortó con fastidio.




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